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Dawes
North Hills
ATO Records, 2009

El primer disco de Dawes, en realidad el segundo de esta alineación si obviamos la salida de Blake Mills de la entonces banda llamada Simon Dawes, es quizás uno de los mejores ejemplos de su género.

La grabación posee esa cualidad análoga tan buscada en el folk de hoy, pero dicho carácter ya está en la propia composición y no sólo en los instrumentos y aparatos de grabación; lo análogo se vuelve un signo de autenticidad mas que una coloración en el sonido.

A diferencia de bandas como Fleet Foxes, que recurren a las armonías vocales, al frecuente uso de las reverberaciones artificiales y tienen una apariencia más compleja, Dawes apela más al conjunto; cada una de las partes podría parecer desnuda sin la otra, pero juntas hacen una de las mejores mezclas el folk actual.



Su sonido es el de una banda no para caminar en el bosque, si se me permite el ejemplo, sino para manejar un Buick entre ese bosque que no está junto a la autopista sino ante la casi olvidada carretera.

Si la metáfora anterior no dijo lo suficiente, hay que decir que Dawes es heredero del sonido de Laurel Canyon; de CS&N, de Neil Young… Tampoco es una banda ausente de poesía y aunque no me atrevo a soltar nombres, sus temas los delatan como lectores. ‘Bedside Manner’ por ejemplo, es una canción acerca de la vejez y el poder evocador de la música; es una canción dentro de una canción y eso la lleva a generar una perspectiva que permite la representación de dos momentos; el del recuerdo y del que recuerda. Si agregamos que el recuerdo es maternal, dicho poder evocador es todavía mayor.

Dawes acaba de lanzar su último álbum pero sin duda, para cualquier asiduo al folk, North Hills debe ser una visita obligada. Es un disco análogo incluso en cómo debe escucharse, de la primera canción hasta la última, sin la intromisión de la reproducción aleatoria.

 

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