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He observado entre músicos, sin importar sexo, religión o condición social qué hay un miedo común a la improvisación.Es normal el miedo a romper un esquema. La música parte de uno muy concreto: Introducción, tema, repetición, final. Desde luego la forma en cómo se expone el tema y sus repeticiones varía dependiendo el género y estilo, pero a fin de cuentas esos elementos estructurales son básicos.

Los esquemas siempre facilitan las cosas, ahorran trabajo por un lado y por otro cumplen más fácilmente las expectativas del que escucha. Sin embargo, ahorrarse mucho trabajo y ser demasiado complaciente puede desembocar en una música aburrida y sin aportaciones.

Ahora bien, no se trata de brincar de tocar una canción de los Beatles a una improvisación de cool jazz tipo Miles Davis. Siempre hay justos medios, por ejemplo si la banda de “Juan González y su Máquina del Tiempo” decide hacer su versión de Get Back, pueden por ejemplo hacer los solos de lira más acordes al gusto y capacidad de su guitarrista o cambiar los octavo-dos dieciséis que lleva Ringo en la grabación por un beat de batería más rockero.

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Otra razón por la cual somos reticentes a improvisar es porque creemos que la improvisación es solo para músicos virtuosos, que no cualquiera puede improvisar. El bajista Víctor Wooten decía en una Ted Talk que improvisar en la música es como hablar, y que las personas hablamos como resultado de la interacción con los demás, no esperamos hasta conocer todo el vocabulario y las reglas gramaticales. Su postura es siempre dejar al músico a tocar con otros más experimentados, e improvisar, desde que empieza a conocer el instrumento.

Improvisar sí es como hablar, no solo lo dice Wooten, el autor Stephen Nachmanovitch tiene un libro excelente llamado Free Play donde detalla el concepto de improvisación y cómo nos vuelve más humanos. Alonso Arreola lo tiene como lectura obligada en su laboratorio de bajistas y vaya que a un servidor le ha dado resultados. El músico mexicano lleva incluso a sus alumnos a hacer improvisación sin el instrumento, a un nivel de conversación, es muy divertido.

Ya para finalizar y los lectores escépticos de la improvisación les recuerdo cuando por algún motivo no llevaban hecha su tarea y se justificaban ante el profesor con una infinidad de excusas. Mismas que utilizamos al llegar tarde a una cita con la pareja o qué tal cuando olvidamos el cumpleaños de nuestra madre. Toda esa espontánea verbosidad con la que esperamos se nos disculpe, toda ella es improvisación. Usémosla también con fines propositivos.

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