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La falacia de que el vinilo suena mejor, ya me tiene más que aburrido. Al día de hoy no es más que una estrategia de mercadotecnia que usan las discográficas para que decidas poseer un objeto físico en lugar de la intangible descarga o el servicio de streaming.

Hoy día está demostrado – hay bastante documentación al respecto sólo basta buscar en las fuentes adecuadas, de preferencia universidades o institutos de investigación- que el audio digital es una copia fiel a los cambios de presión en el aire que nuestros oídos perciben como sonido.

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La razones, más allá del argumento de ventas arriba mencionado, por lo cual aún hay quienes afirman que el audio digital es inferior en calidad son quizás las siguientes:

• Aún subsiste la impresión dejada por los primeros dispositivos de conversión analógica/digital que surgieron en los 70 y 80. Por supuesto que la tecnología era más rudimentaria que la actual y por ende más susceptible a errores. Sumemos a éste argumento, el hecho de que la audiencia de aquel entonces estaba acostumbrada a escuchar los ruidos inherentes a la tecnología digital. El famoso hiss que si buscamos con atención aún anda por ahí en las versiones digitales de música de aquellos años.

• Las verdadera música digital surge a principios de los 90, con tecnología digital estable y creciente. Recordemos en el ámbito de la música popular esos profundos graves de música electrónica o de hip hop explotando las bocinas y cimbrando los cristales de la casa. He aquí un punto importante derivado de grabar digitalmente: Se tiene la posibilidad de poner todas las amplitudes de la onda a un mismo punto. A consecuencia de esto, tenemos una energía acústica distribuida uniformemente. En otras palabras: La rola va a sonar re-fuerte en todo momento. Éste hecho fue ampliamente explotado en la música comercial de las décadas 90 y 2000.

Es quizá esta segunda razón la causa de los pesares de los audiófilos y melómanos de nuestros días. Ya no tenemos un rango dinámico variable, es decir música que fluctúe entre pasajes suaves y fuertes como suele ocurrir en las obras de Beethoven por ejemplo.

Este segundo argumento no es un problema de la tecnología digital en sí, sino de las decisiones humanas qué hay detrás de una producción musical. El hecho de que un tema de música electrónica suene a todo lo que da en un concierto de su DJ favorito, no quiere decir que deba ser norma en todos los géneros musicales. Hay una razón por la cual la música también se clasifica de acuerdo a moods o estados de ánimo del que escucha.

La música debe poseer ese dinamismo entre sonidos suaves y fuertes, repito: dinámica. Movimiento, la música que siempre sueñe con una misma intensidad puede ser monótona luego de un rato. La tecnología digital nos permite tener mayor control sobre el rango dinámico, desde mi perspectiva de ingeniero invito al lector que guste de grabar y/o mezclar música el usarlo con amplio criterio.

Una vez más nos damos cuenta de que juzgamos injustamente el audio digital. No es la tecnología el problema sino el abuso de ella, como muchas veces sucede. Ahora bien, no hay nada malo en comprar un disco de vinilo, menos aún si se trata de música que se grabó en un contexto de tecnología analógica: Beatles, John Coltrane, Queen. Sin embargo, Lady Gaga, Justin Bieber o cualquier artista pop o alternativo de nuestros días es irrelevante en vinilo porque lo más probable es que haya pasado por una etapa previa de digitalización.





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